Don Quijot inspira a Aven a ser un Seductor Andante

El Ingenioso Hidalgo don Aven de Bogotá

Mi propósito es meramente asombroso

Pierre Menard Autor del Quijote, Jorge Luis Borges

En algún lugar de la capital colombiana, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha muchos tiempo que vivía un hidalgo de películas piratas, guitarra desafinada, Renault antiguo y Beagle desnutrido. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los 30 años, tenía la piel morena, era de complexión flaca, estatura promedio, gran trasnochador y amigo de la cerveza.

Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de seducción, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la guitarra, y aun el mantenimiento de su vehículo. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que gastó muchos de sus ingresos para comprar libros de seducción en que leer, y así, guardó en su computador todos los PDFs cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como el que compuso el famoso Mark Manson, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y planes de acción, donde en muchas partes hallaba escrito: Hemos de aprender, compañeros seductores, que la muestra de vulnerabilidad, tanto en emoción como en acción, lleva, de hecho, a una mayor inversión en uno mismo y abrevian desta manera vernos necesitados. Y también cuando leía: … las mozas neutras deberás polarizarlas, siendo más agresivo con ellas, sin ser discreto de adamar ni de burlar.

En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su género, hacerse seductor andante, y irse por todo el mundo con sus técnicas y ropajes a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los seductores andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de rechazo, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su prosa, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba.

Continuará…

 

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Aven

Soy un nuevo aprendiz en las artes venusianas

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