Friend Zone - Zona de Amigos

A la amiga que me friendzoneó

Querida amiga,

Después de pensarlo un poco, me decidí finalmente a escribirte esta carta en la que doy por terminada nuestra relación. Créeme, esto me duele más a mí que a ti; sin embargo, debo dar este paso por el bien de los dos: es lo más saludable. Espero entiendas mi posición y, por consiguiente, la respetes.

Fueron unos años inolvidables los que pasamos juntos: Siempre me encantó tu forma de hacerte la boba, la que no entendía que me moría por ti, dejando claro que mis sentimientos nada tenían que ver contigo y que, por lo tanto, mi tristeza y rabia al oírte hablar de otros tipos eran problemas míos y sólo míos. En verdad, eras tan hábil en evitar miradas, cambiar de tema, esquivar contacto físico, declinar invitaciones y aun así mantenerme escuchando tus problemas en la oficina, tus dificultades con tus levantes, tus dudas en la vida, tus miedos. ¿Cómo lo logras? ¿Lo consigues con otros hombres? ¿Es algo que practicas regularmente?

Te confieso que voy a echar de menos tus desplantes ¿Te acuerdas del día en que me dejaste esperando a la salida de clase, aguantando frío, mientras coqueteabas con el profesor? Me decías con la mano que esperara un segundo más y luego de media hora saliste y fingiste haber tenido un día terrible en la oficina. Ese era el tipo de cosas que hacían nuestra relación tan especial. O espera ¿Qué tal la vez que salimos juntos con tu familia de paseo y por la noche te me perdiste porque un mesero te invito a comer? Llegaste brava diciendo que qué falta de privacidad cuándo traté de averiguar dónde estabas. Pequeñas muestras de aplicación Maquiavelo-aristotélica sobre saber enojarse “con la persona correcta y en la medida correcta, en el momento correcto, por la razón correcta, y de la forma correcta”

Me diste clases magistrales de control de marco al lograr que siempre fueras tú el centro de la conversación. Sí, recuerdo claramente cuando, por ejemplo, te quise contar una historia que acaba de leer y que me había gustado y tú me interrumpiste con un “Aejjjjj”, te reíste y continuaste con lo complicadas que estaban las cosas con tu jefe. Me hablabas de tus sueños, de tus proyectos, de tu niñez, sin preguntarme ni una sola vez por mis cosas. Además, olvidabas frecuentemente lo poco que te decía. Por cierto ¿Viste finalmente los videos que te mandé por Facebook? Me dijiste que no habías tenido tiempo, pero igual sólo duran dos minutos y ya te los envié hace como un año.

Recordaré con nostalgia como siempre lograba subirte el ego cuando alguno de esos tipos con los que “tuviste sexo salvaje por un tiempo” te abría. Venías a mí invariablemente y yo te explicaba lo valiosa, linda y especial que eras y que no debías pararle bolas a esos bobos, no se lo merecían. Tremendos tontos, disfrutaban de tu cuerpo pero yo era el “vivo” que sabía valorarte.

Tal vez lo que más voy a extrañar son tus múltiples excusas para que no saliéramos juntos sólo los dos. Ya no recuerdo bien cuántos familiares se te enfermaron o murieron justo el día en que te pedía compartir un café. Ni qué decir de esa manera espontánea en que en un segundo cambiabas el rumbo de mis avanzadas al convidarte a una cerveza: “Sí, le decimos al resto y vemos si vamos todos” me respondías con tu voz cordial de indiferencia. Eso es lo que yo llamo manejo de habilidades sociales.

De ti aprendí la virtud del estoicismo cuando estando tomada te besaste con el nuevo de la clase en la fiesta de despedida o al ver cómo te acostabas con ese tipo que acabas de conocer mientras yo compartía unas cervezas con nuestros amigos en la terraza de la casa. Una verdadera prueba al autodominio y la serenidad digna de un auténtico maestro Zen.

En fin, no quiero alargarme más, te comentaba que me da algo de tristeza terminar nuestra relación, pero igual no es tan grave. Lo que pasa es que en estos días ando corto de tiempo. Ya sabes, estoy concentrado en mis proyectos y ahí he conocidos unas amigas que son súper lindas personas. En especial Esperanza, la vieja es una nota y no anda con bobadas en sus relaciones de poner a ciertos hombres en un planeta de amigos, como si fueran seres asexuados. De hecho, anoche tuvimos una faena buenísima, si entiendes a lo que me refiero 😉

Chao, un abrazo

Aven en Bogotá

 

Publicado por

Aven

Soy un nuevo aprendiz en las artes venusianas

4 comentarios sobre “A la amiga que me friendzoneó”

  1. Tio este blog que creaste es grandioso, todos nos hemos sentido así en algún momento, el contentarnos con ápices de cariño muy esporádicos y ocasionales mientras soportamos un cóctel de acontecimientos grotescos que nos hacen sentir ridículos, idiotas y miserables, pero no todos se deshacen de aquellas relaciones cancerígenas que no aportan nada, por ello eres grande, sigue así éxitos!

     
    1. Amigo Red Reddington, muchas gracias por tu amable comentario y por leer este blog. Tienes toda la razón, hay personas que permanecen en estas relaciones tóxicos por AÑOS. Que bueno encontrar gente como tú apoyando a que cada día seamos mejores en nuestras relaciones! Un abrazo

       
  2. Uyy Amigo te estabas demorando en enviar esa Carta, esa “mujer” deja mucho que pensar, el que debió valorarce hace mucho tiempo eras Tu! Te felicito por esa sabia desicion

     
    1. Tienes todo la razón Alex, muchos hombres seguimos en relaciones tóxicas que no aportan que debimos haber terminado hace mucho tiempo. Gracias por leer el blog, te invito a suscribirte! Un Abrazo desde Bogotá.

       

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